lunes, 21 de enero de 2013

Algunas ideas para una Espiritualidad del Cuerpo en Nouwen



1-      Estás llamado a la unidad. Esa es la buena nueva de la encarnación. La Palabra se vuelve carne y, así, se crea un nuevo lugar en que pueden habitar todo lo tuyo y todo lo de Dios. Cuando hayas encontrado esa unidad, serás verdaderamente libre. (30)
2-      Nunca te has sentido completamente a salvo en tu cuerpo. Cada vez más, has llegado a ver a tu cuerpo como un enemigo que hay que conquistar. Pero Dios quiere que seas amigable con tu cuerpo, de manera que pueda estar preparado para la resurrección. Cuando no eres totalmente dueño de tu cuerpo, no puedes reclamarle una vida eterna.
3-      ¿Cómo hacer que tu cuerpo te pertenezca? Dejándole participar en tu deseo más profundo de recibir y ofrecer amor. Tu cuerpo necesita ser sostenido y sostener, ser tocado y tocar. Ninguna de estas necesidades es para desdeñar, negar ni reprimir.
4-      Pero tienes que seguir buscando tu necesidad corporal más profunda, la necesidad de amor genuino. Cada vez que puedas ir más allá de los deseos corporales superficiales de amor, estás haciendo que tu cuerpo te vuelva a pertenecer y te estás acercando a la integración y a la unidad.


(Tomado de: “La Voz Interior del Amor”,
 Henri Nouwen.)
 

BIOGRAFÍA DE HENRI NOUWEN...2



Henri Nouwen vino al mundo un 24 de enero de 1932, en Nijkerk,  a 45 kilómetros de Amsterdam...
(En abril de 1968, fue testigo del movimiento social que generó la muerte de Martin Luther King; movido por un fuerte deseo de ser parte de aquello voló en avión a Atlanta, y participó de las manifestaciones)

A pesar de que Nouwen vivió aquellos años intensamente, y sintió que lo que estaba haciendo formaba parte de su misión, también sentía el deseo de volver a su tierra natal, a Holanda, para vivir, compartir y enseñar en su Iglesia. Por eso, una vez terminado el semestre Henri volvió a Holanda para enseñar psicología pastoral y espiritualidad a los estudiantes de teología en el Instituto de Pastoral de Amsterdam y en el Instituto de Teología Católica de Utrecht. Allí también trabajó para obtener el doctorado en teología, y preparó la publicación de un libro sobe la integración de psicología y espiritualidad, que fue publicado en 1969. Sería el primero de muchos otros que irían apareciendo en los años siguientes, y que  convertirían a Henri en un escritor prolífico.

 Durante el período en que Henri estuvo trabajando en Holanda su fama como escritor se extendió por Estados Unidos, tanto entre los católicos progresistas como entre los conservadores; muy diferente sería en esos días su recepción en Holanda, entre los suyos, donde el estilo de los escritos de Henri provocaba recelo y suspicacia, ya que los aires soplaban en una dirección menos espiritual entonces en Europa. En 1971, invitado por el decano de la Yale Divinity School, Nouwen vuelve a Estados Unidos para enseñar como profesor asociado de teología pastoral. Allí estuvo 10 años, llegando a ser profesor numerario a tiempo completo, y ayudando en la formación de los futuros ministros de Norteamérica. En los libros que escribía fue abandonando el lenguaje académico, para asumir un estilo peculiar, más sencillo, más espiritual, y al alcance cristianos medianamente educados, católicos y protestantes, es decir, el pueblo común que asiste a las iglesias. Nouwen estuvo interesado también en superar la distinción entre teología y espiritualidad en la enseñanza, y buscaba responder a una pregunta: ¿Cómo se puede enseñar espiritualidad de una forma espiritual? Veía como un peligro creciente la progresiva profesionalización del ministerio cristiano, y la confusión entre tratamiento psicológico y acompañamiento pastoral.

  Entre las inquietudes de Nouwen en esos años estaba también su temor a encerrarse en la enseñanza universitaria como en una torre de marfil de pensamiento cómodo; por eso siempre alternaba sus períodos de clases con viajes, retiros, intereses amplios en cuanto a música, lecturas, conversaciones. Llevaba ya entonces una vida intensa, agitada y frenética. Celebraba diariamente la eucaristía con un pequeño grupo de estudiantes y amigos, daba charlas y conferencias, oficiaba bodas y funerales. Ofreció cursos y seminarios sobre Thomas Merton y Vincent van Gogh.

 En esa época comenzaron sus contactos con sacerdotes y misioneros laicos en América Latina, y se preguntaba si algún día sería llamado a servir a Cristo en esa parte del mundo. En 1972 Henri viajó a Bolivia para estudiar español en el centro de idiomas de Maryknoll en Cochabamba.  En 1974 estuvo durante 6 meses viviendo como residente temporal en una abadía trapense de Nueva York, Genesee; en octubre de 1978, después de la muerte de su madre, estuvo otros seis meses más en ese mismo lugar.

 En el año 1981 Henri Nouwen renunció a su puesto en la Universidad de Yale, causando asombro entre los que le conocían; sus años en Yale le hicieron sentirse satisfecho y le abrieron a contactos espirituales importantes, a pesar de que no le faltaron críticos entre quienes juzgaban su labor poco académica. No sintiéndose ya a gusto en ese lugar decidió dar un paso arriesgado yéndose a Perú, para compartir con los pobres de América Latina.
 (Continua...)

jueves, 17 de enero de 2013

EUCARISTÍA

"Es con esta misteriosa presencia con la que quiere ponernos en contacto el  servicio de la Palabra durante cada Eucaristía, y es esta misma presencia misteriosa la que se nos revela constantemente cuando vivimos nuestra vida eucarísticamente... No podemos vivir sin las palabras que vienen de Dios, palabras que nos arrancan de nuestra tristeza y nos elevan a un lugar  desde el que podemos descubrir que estamos verdaderamene vivos".

 Henri Nouwen, Con el corazón en ascuas, ST, 1996.

lunes, 14 de enero de 2013

EL PASTOR HERIDO

“El sanador herido” es uno de los libros más conocidos e importantes de Nouwen, que define en gran medida su propio ministerio en la Iglesia. El ministro ordenado, situado en el centro de la comunidad cristiana, está llamado a reconocer los sufrimientos de su tiempo en su propio corazón y hacer de ese conocimiento el punto de partida de su propio servicio. Reconocer sus propias heridas y desarrollar su ministerio a partir de ellas no resquebraja la autoridad del ministro y hace su servicio más auténtico.
Henri Nouwen estuvo dos años, entre 1964 y 1966, en la Clínica Menninger, luego de haber pedido a su obispo, recién ordenado, estudiar psicología. Estuvo en Nimega primero, y de ahí fue a Estados Unidos, Kansas, donde pudo estudiar las raíces freudianas de la psicología y sus derivados modernos, desde Karen Horney hasta Gordon Allport, profundizando además en el vínculo entre psicología y religión. Sus intereses eran más pastorales que académicos desde el principio, y Nouwen supo ir integrando la psicología al discurso teológico, hasta desarrollar una espiritualidad cristiana de claro talante humanista, que parte del conocimiento profundo de la persona, y que le convirtió en un poderoso comunicador. Pero al mismo tiempo que escribía y enseñaba, Henri vivía sus propios conflictos interiores y sus propias luchas en relación con su personalidad. Su proceso de enseñanza, asesoramiento y escritura, que hizo tanto bien a otras personas, era al mismo tiempo su propio camino de sanación e integración. “Él creía que Cristo ofrece continuamente un canal creativo de curación, una fuente de energía en la lucha por dar a luz, con el poder del Espíritu, un mundo marcado por la justicia y el amor”.
Nouwen parte del modelo de Cristo, que hizo de su cuerpo clavado en la cruz el medio de liberación de la humanidad, la puerta de una nueva vida. Así, proclama que los pastores en su vocación están llamados no sólo a velar por el bien de las ovejas que se han encomendado, sino a convertir sus propias heridas en importante fuente de sanación. Están llamados a ser “sanadores heridos”. Habla de alienación, de distanciamiento, de aislamiento y de soledad. El modo de vida cristiano no elimina la soledad, sino que la protege y la valora como un don precioso. La comprensión profunda de los propios dolores y heridas permite al ministro convertir su debilidad en fuerza y ofrecer la propia existencia como fuente de curación.
En otro de sus libros, escribió: “El gran reto es vivir con la ayuda de tus heridas, en lugar de limitarte a pensar en ellas. Tu corazón es más grande que tus heridas”. (“La voz interior del amor”. 1996). El ministro vive su llamado en un mundo desestructurado, y para una generación desarraigada, de los que él mismo forma parte en alguna medida. Está llamado a ejercer su ministerio a favor del hombre sin esperanzas, y esto sólo puede realizarlo cabalmente, con pasión y autenticidad, si encuentra la fuerza de su mensaje en su propia búsqueda, sus propias luchas, sus propias heridas. “Ningún ministro puede guardar oculta su propia experiencia de vida a aquellos a los que quiere ayudar”.
En este aspecto, Nouwen habla también de interiorización y de hospitalidad, de compartir el propio camino y de asumir positivamente la inevitable soledad del ministerio consagrado (Soledad personal y soledad profesional). Sólo reconciliado consigo mismo, puede el ministro ser reconciliador. En un mundo en que su papel es a menudo menospreciado ha de poner unos cimientos firmes en relación con la aceptación y la confianza. Por supuesto, no se trata de una especie de “exhibicionismo espiritual”: hacer de las propias heridas una fuente de curación para otros no es compartir de modo superficial los dolores propios, sino un constante deseo de ver el sufrimiento de uno mismo como surgiendo del fondo de la condición humana que todos compartimos.
En otras palabras, el ministro ha de ser como un “hogar”, acogedor para otros, capaz de perdón y comprensión.